Autoengaño... El Engaño Más Peligroso

Autoengaño… El Engaño Más Peligroso

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Autoengaño... El Engaño Más Peligroso¿Por qué? ¿Por qué el Autoengaño es el engaño más peligroso?

Porque atenta contra nosotros mismos.

Porque en algún momento se termina y puede ser demasiado tarde. Tarde para vivir, tarde para recuperar, tarde para sentir, tarde para hacer.

Nos autoengañamos por miedo…

Miedo a lo que tendríamos que cambiar si empezamos a decirnos –y a decir- la verdad.

Miedo a mostrarnos tal cual somos y provocar en los demás, reacciones contrarias y críticas.

Miedo a vivir.

Se requiere de un gran crecimiento, desarrollo y transformación personal para atreverse a Ser quién uno es. Y esto “Ser quién uno es”, se dice fácil ¿verdad?

Lo entiendo, puedo comprenderlo, no obstante, es importante que vos seas conciente del precio que tenés que pagar por no serlo.

Creo que la cita más importante que deberíamos tener presente para no desperdiciar la única vida que tenemos, es la de Steve Jobs…

Muy a menudo se nos escapa el concepto de nuestra finitud… Es natural, a nadie le gusta pensar que se va a morir, pero esto, nos lleva a la inconciencia respecto de que –como ya te dije- tenemos una sola vida.

Esto es lo que nos lleva a mentirnos, a autoengañarnos.

 

Podemos dejar de vivir nuestros sueños…

Podemos seguir con la persona equivocada…

Podemos permanecer en el trabajo que nos desgasta y detestamos.

Podemos aceptar gente a nuestro alrededor que no soportamos.

¡Sí! Los seres humanos podemos mucho más de lo que creemos, sobre todo si sentimos que nos inmolamos en pro del sufrimiento.

Nuestra educación –cada vez menos, lo que celebro- ha venido teñida de la idea de que todo lo que se hace con sufrimiento es bueno.

“Hemos venido al mundo a sufrir”. ¿Lo has escuchado alguna vez?

Se ensalza el sufrimiento como si este diera a nuestras acciones un estado de grandeza.

Vos ¿Qué pensás de esto?

¿Crees que si no sufrimos no somos suficientemente buenos?

¿Crees que si se consigue algo con felicidad, no es bueno y algo raro hay?

Esta creencia errónea no solo nos distrae en nuestro camino de auto valoración sino que “justifica” el auto engaño.

Seguramente, tendremos momento de lucidez en el transcurso de nuestro cuento personal que nos impide animarnos a ser quiénes somos, en el que sufriremos por…

No acercarnos a nuestros sueños…

No estar con la persona que queremos…

No dedicarnos a lo que nos apasiona…

No decir “Basta” a las personas que despreciamos…

Y ese será el momento en que “justificaremos” vivir siendo unos desgraciados porque hemos venido a sufrir, y en vez de honrar nuestras vidas con la felicidad, nos sentiremos “héroes en la hoguera”.

Lamento comunicarte que Juana de Arco hubo solo una y ya no tiene sentido emularla.

 

Te invito a participar en la siguiente reflexión…

Supongamos que te pregunto si sos honesto.

¿Vos sos honesto?

Seguro que tu respuesta es sí, ¿verdad?

Ahora bien, cuando te autoengañas…

¿Sos honesto?

¿Que cuando te autoengañás no sos honesto con vos solamente? ¿Que no hacés ningún daño a los demás?

¡Cuidado, amigo!

¿Cuántas personas están involucradas en tu autoengaño?

¿Ellas no están siendo perjudicadas?

De alguna manera, ¿no están involucradas en tu falta de hacerte cargo de vos mismo?

Cuando te autoengañás, estás engañando a los demás también… ¿Te habías dado cuenta de eso?

Autoengañarnos es una ficción salvando las distancias,  y las ficciones son una hermosa forma de engañar, pero engaños al fin, dependiendo del contexto.

El autoengaño no trae beneficios.

La tranquilidad que sentís es ficticia.

Y tarde o temprano, tendrás que encontrarte con vos mismo.

 

Mientras vivimos el autoengaño somos capaces hasta de sufrir –verdaderamente- por no atrevernos a dar la cara a la verdad.

El viajero hambriento

Un viajero que llevaba muchas horas de camino comenzó a sentir un hambre acuciante y tuvo la fortuna de encontrarse con un hombre que llevaba una canasta con hermosos frutos.

-Te compro toda la canasta –dijo el viajero.

-Pero es que… estos frutos…

-Te doy diez monedas por ellos –interrumpió el viajero sin permitir al frutero terminar su frase y quién al escuchar la oferta tan alta, no dudó en venderle toda la canasta.

Al cabo de un rato acertó a pasar por el camino otro viajero, que vio cómo aquel hombre completamente colorado y sudoroso y llorando sin parar con ojos enrojecidos, comía y comía sin parar.

-¿Qué haces? –le preguntó asombrado- ¿No sabes que esos frutos tan terriblemente picantes son incomestibles?

-Pues, a mí me parecieron deliciosos –dijo entre lágrimas, el viajero mintiendo- Además tengo que comerme el dinero que gasté.

 

¿Cuáles son tus frutos picantes que te obligás cada día a comer fingiendo que son deliciosos?

¿Para qué te sirve esto?

 

Por el placer de compartir

 

 

 

 

 

 

 

Publicado por

RitaTonelliCoach

Mi nombre es Rita Tonelli y desde esta profesión que amo, la de Coach Ontológico personal, de parejas, espiritual, organizacional y de equipos, pongo lo mejor de mí para que juntos crezcamos avanzando en nuestros caminos hacia una vida mejor.

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