Dependencia Emocional

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Dependencia EmocionalLa dependencia emocional es una forma de accionar en la que podemos incurrir con facilidad porque nos pasa en forma transparente, es decir que, no somos concientes de que la estamos practicando.

El Coaching Ontológico es la disciplina del Siglo XXI.

Quizás hayas escuchado muchas veces esta declaración.

No sé sobre qué bases la dicen los demás, pero sí tengo claro por qué la hago mía.

Lo deslumbrante para mí, del Coaching Ontológico, es su capacidad -a manos de un buen Coach- de que podamos pasar de la inconciencia a la conciencia, de que podamos poner en claro el “para qué” de nuestros estilos de comportamientos, y así, desde la conciencia, poder hacer los cambios que necesitamos para vivir mejor.

El tema de la emocionalidad es inherente al Coaching, ya que él parte del concepto de que los seres humanos somos una holística de Cuerpo, Lenguaje y Emoción.

Como Coach sostengo que la emoción es la interrupción o quiebre que altera el juicio que teníamos sobre lo que era posible en una situación dada. Al producirse la emoción, esa posibilidad (lo que era posible), cambia.

Sus características principales son:

  1. Existe un hecho que las dispara. No las podemos evitar porque no las esperamos.
  2. Son temporales.

Podrás preguntarte ¿Y por qué un dolor puede durar tanto?

Porque después de la emoción que -repito- es temporal, viene nuestra elección del estado de ánimo con que afrontaremos la emoción que acabamos de tener.

El dolor, entonces, que sí es una emoción, se transforma en el estado de ánimo del sufrimiento, y este durará hasta que además de elegirlo, decidas mantenerte en él.

La Dependencia Emocional -una vez que nos demos cuenta de que la padecemos- puede modificarse, y que quede claro que ¡Se puede salir de ella! Solo necesitarás la asistencia de un Coach.

Los seres humanos no tenemos todos,  la misma intensidad en nuestras características para sufrir la tendencia a la dependencia emocional.

¿Quiénes sí la tienen?

-Los aferrados a creencias limitantes.

-Los que tienen problemas de autoestima.

-Los que son presa de los miedos.

-Los que “confunden” sentimientos. El amor no es hacer todo lo que digan los demás, para complacerlos. ¿Vos creés que sí? ¡Cuidado!

-Los que no pueden soportar, ni siquiera la idea, de que alguien los pueda rechazar.

-Los que necesitan en forma permanente agradar a todo el mundo.

Y…

Fundamentalmente…

Los que viven pendientes de la Necesidad.

¡Oh! ¿Qué es esto?

¿No puedo necesitar algo?

Sí, claro, sí que podés. Lo que no podés es vivir necesitando porque la necesidad lleva a la Dependencia Emocional.

Uno de los otros componentes de la holística de Ser Humano, el Lenguaje, será tu aliado para comenzar a trabajar tu dependencia. Las palabras crean tu realidad. Entonces…

Comenzá a decir “Prefiero” en lugar de “Necesito”.

“Prefiero vivir con vos” en lugar de “Necesito vivir con vos”, por ejemplo.

¿Cómo suena?

¿Hay un dejo de desesperación -clave de la dependencia- en “Necesito vivir con vos” … ¿Lo hay en “Prefiero vivir con vos”?

Vos me dirás lo que pensás, si querés, en los comentarios.

Le emoción debe ser vivida. Permitite sentir. Lo que no te tenés que permitir es “re-sentir”, dicho con más claridad: “sentir demás”.

¿Cómo logramos el equilibrio entre “corazón” y razón para que las emociones no nos dominen?

Aprendiendo a gestionarlas. Para lo cual primero es necesario que trabajemos nuestro Ser buscando una transformación personal en todas nuestras debilidades hasta que lleguen a ser fortalezas.

¿En que?

En creencias, autoestima, miedos, confusión, rechazo para hacernos íntegros personalmente.

La gestión de nuestras emociones nos alejará de la Dependencia Emocional.

Esta falencia en nuestro Ser, se da en todo tipo de relaciones.

Si hablamos de relaciones de pareja, la creencia más limitante es una que hasta se ha tomado en broma, sin darnos cuenta de la forma en que afecta al desarrollo de nuestro Ser.

Estoy hablando de la “Media Naranja”.

Como te vengo diciendo, la creencia de que somos “incompletos”, de que necesitamos otra parte -que anda por ahí- que vendría a completar la naranja entera, es catastrófica para nuestra evolución.

En este sentido, cada vez que hablo sobre este tema, elijo un ejemplo que me parece revelador.

Clarito ¿Verdad?

 Asimismo, asistimos -lamentablemente- cada día a hechos de violencia de género a lo que no se presta la atención debida con un análisis concienzudo del tema buscando revertir las creencias -como uno de los puntos determinantes en la misma- de esta idea de que somos parte de otro con el que formamos uno. De allí, es muy sencillo caer en la conclusión de que no podemos tomar decisiones poderosas que cambien nuestras vidas, en forma independiente.

 ¿Y si entramos en el ámbito de hijos abusivos, madres que les pagan su comida a los 30 o 40 años, los dejan vivir con ellas y les compran su ropa?

¿Conocés algún caso?

¿Y las amigas, ninguna de las cuales puede tener otra, fuera de su círculo porque es repudiada?

¿Y los trabajos mal pagados por el miedo del que lo soporta por quedarse sin él?

Todo esto es parte de la dependencia emocional.

Que es inconciente y que ahora que lo sabés, te invito a cuestionarte en qué medida y con quiénes estas cayendo en ella para que prontamente, resuelvas tener una vida armoniosa y feliz.

Para ser yo con esta autoestima tan pequeñita, necesito de ustedes.

Por eso les regalo esta sonrisa de cartón, este carnaval de sentimientos, porque sé que la fiesta les gusta a todos.

Prometo jamás de los jamases decirles que no

y tener bien cerradita la boca para evitar la contradicción.

Para ser yo y no confrontar con ustedes

voy a conformarlos a todos y entrar en conflicto

con mi yo.

No sea cosa que alguien opine de mi alguna cosa que no sea bonita…

 

¿Qué pensás de este poema?

¿Qué notás?

¿Qué le pasa a su autor?

 

 

Por el placer de compartir

 

 

 

(La imagen pertenece a la página https://www.psicomemorias.com)

 

 

 

 

 

 

Lunes… ¡El Día Maldito!

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¿Sos de los que celebran el viernes y maldicen el lunes?

¿Lo hacés en broma?

¿Dónde termina la broma y empieza lo serio? ¿Lo tenés claro?

Lunes. El Día Maldito

Quiero contarte que yo pertenecí al grupo que ama los viernes y le espantan los lunes, por eso, te entiendo.

Y llegó un punto en que realmente, dejaba que mi estado de ánimo se viera influenciado por el día que era. ¿Te das cuenta de lo que estoy diciendo?

Que un día tenía todo el poder sobre mí.

Que me amargaba y dejaba de disfrutar las horas previas al lunes, enfocada en algo que todavía no había sucedido.

 

¿Sos de los que proclama “el poder del ahora”, pero permitís que “el lunes” que todavía no llegó, decida como te tenés que sentir?

Quizás estés pensando que este tema “no es para tanto”, que es una tontería, que estoy exagerando.

En una primera mirada, puedo comprender que lo veas así. Las personas solemos tener delante de nosotros cosas que miramos, pero no vemos hasta que reflexionamos cinco minutos -no hace falta más- sobre lo que nos está pasando.

Seguramente, cuando bromeas sobre esto, crees que es divertida esta queja irónica, sin embargo, no estás prestando atención a cuánto te puede perjudicar.

Pero, mejor vuelvo a contarte lo que me pasó.

A medida que transcurría el tiempo, la angustia del domingo por la noche, se fue pasando al domingo por la tarde, para un poco después, pasarse al domingo a la mañana… ¿Sigo?

Así, caí en la cuenta de que de los dos días que tenía para “descansar”, perdía uno sintiéndome mal.

Vuelvo al tan “manoseado” actualmente, “poder del ahora”. Esto es un ejemplo claro que me sirve de maravillas para ilustrar mi cuestionamiento frecuente a aquellos que se “suben” a la moda, ya sea de una tendencia, disciplina, profesión, se auto denominan “expertos” de lo que sea y luego, con un pequeño desafío-como puede ser este- “hacen agua” por todos los costados.

No se aprende sin la formación correspondiente, ni se lidera sin la coherencia. Así que, para aplicarlo aquí, no te sirve darle importancia al “poder del ahora” y simultáneamente dejarte influenciar por un día de la semana.

Estos dos párrafos han sido para que asocies a tantas otras situaciones parecidas y hagas tus propios descubrimientos.

¿Qué puede haber detrás de esta fobia al lunes?

Angustia por el trabajo que tenés.

¿Cómo te llevás con tu trabajo?

Si no estás bien… ¿Qué estás haciendo para mejorar esta situación?

¿Estás resignado a “sinvivir” hasta que te jubiles?

¿Cómo te sentirías ante el “lunes” si amaras lo que hacés?

Una vida sin propósito.

Con una vida sin propósito, tendría que darte igual el día que fuera, sin embargo, el poder de “el lunes”, acentúa la falta de sentido de levantarte por la mañana.

¿Cómo te sentís habitualmente?

¿Sos de los que son capaces de elegir su actitud para vivir tu día? ¿o desde la mañana, estás parapetado con la defensa: “¿A ver que más tengo que enfrentar hoy” puesto que lo que llevo esperando que me pase, nunca sucederá?

¿Estás seguro de que nunca te ha pasado nada bueno?

¿No estarás olvidando momentos muy difíciles en los que las cosas se resolvieron para bien? ¿Nunca, nunca te pasó?

Estamos tan acostumbrados a quejarnos que no registramos nuestros momentos de bienestar.

¿Cuál es el propósito de tu vida?

¿Para qué estás aquí?

¿Para “matar el tiempo” mientras te quejás de que va a llegar el lunes?

Relaciones conflictivas

¿Con tu familia? ¿Con alguien en particular de ella?

¿Te pesa “el lunes” por el movimiento estresante de tu casa? ¿Con el colegio de los chicos, el trabajo de tu pareja, tus tareas domésticas?

¿Para qué mantenés relaciones que te agobian?

¿Para echarle la culpa a “el lunes” que es el responsable de que se pongan peores?

 

¿Y ahora? ¿Te sigue pareciendo una tontería tu terror a “el lunes”?

Te agradecería que dieras tu opinión para que creciéramos juntos.

 

En una ciudad, a unos hombres que labraban la piedra en una plaza, les preguntaron un día:

        – Tú, ¿Qué haces?

        – Estoy picando piedras – contestó el primer hombre sin levantar la vista.

        – ¿Y tú? – Le preguntaron al segundo.

        – Estoy trabajando – Contestó alicaído.

        – ¿Y tú que haces? – Interrogaron al tercero.

        – ¿Yo? – Dijo sonriendo con su rostro iluminado y la piedra entre sus manos

        – ¿Yo? Estoy construyendo una catedral

 

        Aquí está el secreto más profundo para saber si la vida la vivimos nosotros gozosamente o si la amargura nos envuelve en lo que realizamos.

        Podemos picar piedras todos los días.

        Podemos acudir a nuestros trabajos moviéndonos como autómatas.

        Podemos fatigarnos procurando el dinero o el pan de nuestros hijos.

        Podemos vivir neuróticamente creyendo que nuestras metas son las cuentas bancarias y las inversiones.

        Sí.

        Podemos “sobrevivir” de ese modo. Pero permanentemente nos estaremos estrellando contra una roca que nos despedaza.

         Y además una sensación de vacío habitará en nuestro interior.

 

        La sabiduría de la vida está precisamente en tener el gozo de “construir una catedral”, de tener proyectos y sueños amplios, de trascender a lo cotidiano.

        Cada hombre debe, “soñar un proyecto de vida, y no desmayar hasta que ese proyecto se realice”.

 

        Convendría que cada uno de nosotros diariamente pudiera responder a esa pregunta:

        – ¿Tú, ¿qué haces?

Por el placer de compartir.