Mantener La Humildad…Una tarea titánica pero imprescindible

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HUMILDAD

 

 

¿La humildad es solo para unos pocos? ¿Santos? ¿Espirituales? ¿Ascetas?

Particularmente, no lo creo así.

Muy por el contrario, creo que la humildad es un integrante iluminador del Ser.

La  capacidad de ser humilde se logra mediante un gran trabajo con nosotros mismos, y… para mantenerla, el trabajo debe ser permanente.

 

Cuando somos grandes en humildad, estamos más cerca de lo grande. Rabindranath Tagore

 

Para lograr ser humilde, es central que primero te conozcas a vos mismo. Y en este conocimiento, que dediques un foco especial a aceptar tus limitaciones.

No me estoy refiriendo a auto limitarte en tu poder personal (me es muy necesario, dejar esto claro). Me estoy refiriendo a que pensar que porque hemos desarrollado nuestro talento a pleno, adquirido cierta influencia en el público o tenemos  habilidad en lo que hacemos, somos ilimitados, no nos equivocamos, o entendemos de todo tema porque hemos leído un artículo sobre él, solo muestra la estupidez supina que los seres humanos somos capaces de ostentar… siempre sostenida por la enemiga de la humildad: la soberbia.

 

La soberbia es tal vez una de las formas de expresión más refinadas que tiene la estupidez. Anónimo

 

El secreto de la sabiduría, el poder y el conocimiento es la humildad. Ernest Hemingway

 

La humildad se vive, se respira y así se muestra honestamente, sin que nos lo propongamos.

Puede suceder que tengamos aprendidos el concepto de humildad en forma intelectual pero que nuestro trabajo de transformación personal esté en cero. Intentar parecer humilde cuando no lo somos, cuando no trabajamos esta cualidad en nosotros, es inútil, crea una imagen falsa, nos coloca en un ámbito de patetismo y solo logramos rechazo de los demás, a quiénes jamás debemos subestimar pensando que podemos engañarlos.

No demuestres humildad a menos que la sientas. Patrick Rothfuss            

 

Si te das cuenta de que no estás siendo humilde, ocupate de comenzar a practicar, observá tu lenguaje, tu forma de accionar y comenzá tu cambio. Te darás cuenta inmediatamente, por tus resultados diferentes en tus relaciones, que estás transitando el sendero correcto.

 

También están aquellos que no son auténticos en su deseo de querer ser humildes, pero intentan mostrar su humildad…falsa. No es gente para tu entorno.

La humildad de los hipócritas es el más grande y el más altanero de los orgullos. Martin Lutero

 

Como “ser humilde” puede dar crédito, a veces, observo una tendencia a esta ficción, y más allá de que los engañados serán pocos, el conflicto principal se presenta para el protagonista. De tanto hacerse el humilde puede terminar en una gran confusión con respecto al eje de este tema: auto limitarse en su poder personal creyendo en su propia versión de que está aceptando sus limitaciones.

 

La verdadera humildad nace de darnos cuenta de que somos seres falibles, con errores y fracasos, que no somos omnipotentes y que no sabemos todo de todo.

Un hombre debe ser lo suficientemente grande como para admitir sus errores, lo suficientemente inteligente como para aprovecharlos y lo suficientemente fuerte para corregirlos. John Maxwell.

 

¿Sos humilde o te auto limitás en tu poder personal?

¿Sos humilde o tenés baja autoestima?

¿Te sentís en plenitud siendo humilde?

¿Fingís tu humildad porque queda bien?

¿Cómo es tu forma de ser humilde?

 

Con una mente amplia y comprensiva, y en la exploración de la esencia básica del ser humano –débil y con ansias de poder- entiendo  qué puede pasar con quienes tienen algún talento más desarrollado que otros, en relación con sus valores morales. No obstante, creo que esos dones con los que algunos son bendecidos, tienen ser acompañados por un desarrollo evolutivo espiritual que permita a esas personas acercarse a la sabiduría, esa de no perder el norte, esa que encuentra en la humildad su mayor expresión.

La contención de nuestra soberbia es una tarea diaria. Cada logro que obtenemos –y si tiene repercusión pública, mucho más- nos aleja de nuestro sentido de seres  imperfectos. Entramos en una idealización de nosotros mismos, y llegamos a creer que somos “importantes”. El ego tiene aquí un rol preponderante, y nos aturde con visiones de “gloria” que trastornan nuestro equilibrio interior.

Lamentablemente, son pocos los que, ya sea por un don especial recibido o por un objetivo de trascendencia alcanzado, pueden sujetar sus veleidades con el ejercicio saludable de la autoconciencia. Y lo que es más lamentable aún -sobre todo para ellos mismos- es que terminan “quemados en su propio fuego” ya que se convierten en objeto de rechazo de aquellos que los amaron.

 

¿Qué interpretación tenés de estos últimos párrafos?

¿Estás de acuerdo?

¿Podés observarlo en vos y otras personas?

 

“La  capacidad de ser humilde se logra mediante un gran trabajo con nosotros mismos, y… para mantenerla, el trabajo debe ser permanente” –como te compartí más arriba…

Cada uno creará su propio método para lograr esta competencia.

 

Latif era el pordiosero más pobre de la aldea. Cada noche dormía en el zaguán de una casa diferente, frente a la plaza central del pueblo. Cada día se recostaba debajo de un árbol distinto, con la mano extendida y la mirada perdida en sus pensamientos. Cada tarde comía de la limosna o de los mendrugos que alguna persona caritativa le acercaba. Sin embargo, a pesar de su aspecto y de la forma de pasar sus días, Latif era considerado por todos, el hombre más sabio del pueblo, quizás no tanto por su inteligencia, sino por todo aquello que había vivido.
Una mañana soleada el rey en persona apareció en la plaza. Rodeado de guardias caminaba entre los puestos de frutas y baratijas buscando nada. Riéndose de los mercaderes y de los compradores, casi tropezó con Latif, que dormitaba a la sombra de una encina. Alguien le contó que estaba frente al más pobre de sus súbditos, pero también frente a uno de los hombres más respetados por su sabiduría.
El rey, divertido, se acercó al mendigo y le dijo: “Si me contestas una pregunta te doy esta moneda de oro.” Latif lo miró, casi despectivamente, y le dijo:”Puedes quedarte con tu moneda, ¿para qué la querría yo? ¿Cuál es tu pregunta?
Y el rey se sintió desafiado por la respuesta y en lugar de una pregunta banal, se despachó con una cuestión que hacía días lo angustiaba y que no podía resolver. Un problema de bienes y recursos que sus analistas no habían podido solucionar.
La repuesta de Latif fue justa y creativa. El rey se sorprendió; dejó su moneda a los pies del mendigo y siguió su camino por el mercado, meditando sobre lo sucedido.
Al día siguiente, el rey volvió a aparecer en el mercado, pero ya no paseó entre los mercaderes, fue directo a donde Latif descansaba, esta vez bajo un olivar. Otra vez el rey hizo una pregunta y otra vez Latif la respondió rápida y sabiamente. El soberano volvió a sorprenderse de tanta lucidez. Con humildad se quitó las sandalias y se sentó en el suelo frente a Latif.
“Latif te necesito,” le dijo. “Estoy agobiado por las decisiones que como rey debo tomar. No quiero perjudicar a mi pueblo y tampoco ser un mal soberano. Te pido que vengas al palacio y seas mi asesor. Te prometo que no te faltara nada, que serás respetado y que podrás partir cuando quieras… por favor.”
Por compasión, por servicio o por sorpresa, el caso es que Latif, después de pensar unos minutos, aceptó la propuesta del rey.
Esa misma tarde llegó Latif al palacio, en donde inmediatamente le fue asignado un lujoso cuarto a escasos doscientos metros de la alcoba real. En la habitación, una tina de esencias y con agua tibia lo esperaba.
Durante las siguientes semanas las consultas del rey se hicieron habituales. Todos los días, a la mañana y a la tarde, el monarca mandaba llamar a su nuevo asesor para consultarle sobre los problemas del reino, sobre su propia vida o sobre sus dudas espirituales.
Latif siempre contestaba con claridad y precisión.
El recién llegado se transformó en el interlocutor favorito del rey. A los tres meses de su estancia ya no había medida, decisión o fallo que el monarca no consultara con su preciado asesor.
Obviamente esto desencadenó los celos de todos los cortesanos que veían en el mendigo-consultor una amenaza para su propia influencia y un perjuicio para sus intereses materiales. Un día todos los demás asesores pidieron audiencia con el rey. Muy circunspectos y con gravedad le dijeron.”Tu amigo Latif, como tú llamas, está conspirando para derrocarte.””No puede ser” dijo el rey. “No lo creo.” “Puedes confirmarlo con tus propios ojos,” dijeron todos“. Cada tarde a eso de las cinco, Latif se escabulle del palacio hasta el ala Sur y en un cuarto oculto se reúne a escondidas, no sabemos con quién. Le hemos preguntado a dónde iba alguna de esas tardes y ha contestado con evasivas. Esa actitud terminó de alertarnos sobre su conspiración.”
El rey se sintió defraudado y dolido. Debía confirmar esas versiones. Esa tarde a las cinco, aguardaba oculto en el recodo de una escalera. Desde allí vio cómo, en efecto, Latif llegaba a la puerta, miraba hacia los lados y con la llave que colgaba de su cuello abría la puerta de madera y se escabullía sigilosamente dentro del cuarto.
“Lo visteis” gritaron los cortesanos, “¿lo visteis?” Seguido de su guardia personal el monarca golpeó la puerta.”¿Quién es?” dijo Latif desde adentro. “Soy yo, el rey,” dijo el soberano. “Ábreme la puerta.” Latif abrió la puerta. No había nadie allí, salvo Latif.
Ninguna puerta, o ventana, ninguna puerta secreta, ningún mueble que permitiera ocultar a alguien. Solo había en el piso un plato de madera desgastado, en un rincón una vara de caminante y en el centro de la pieza una túnica raída colgando de un gancho en el techo.
“¿Estás conspirando contra mi Latif?” pregunto el rey. “¿Cómo se te ocurre, majestad?” contesto Latif. “De ninguna forma, ¿por qué lo haría?” “Pero vienes aquí cada tarde en secreto. ¿Qué es lo que buscas si no te ves con nadie? ¿Para qué vienes a este cuchitril a escondidas?”Latif sonrió y se acercó a la túnica rotosa que pendía del techo. La acarició y le dijo al rey:
“Hace sólo seis meses cuando llegué, lo único que tenía eran esta túnica, este plato y esta vara de madera” dijo Latif. “Ahora me siento tan cómodo en la ropa que visto, es tan confortable la cama en la que duermo, es tan halagador el respeto que me das y tan fascinante el poder que regala mi lugar a tu lado…que vengo cada día para estar seguro de no olvidarme de Quién soy y de dónde vine.

Jorge Bucay

 

Por el placer de compartir.

Publicado por

RitaTonelliCoach

Mi nombre es Rita Tonelli y desde esta profesión que amo, la de Coach Ontológico personal, de parejas, espiritual, organizacional y de equipos, pongo lo mejor de mí para que juntos crezcamos avanzando en nuestros caminos hacia una vida mejor.

2 comentarios en “Mantener La Humildad…Una tarea titánica pero imprescindible”

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